Wagyu: la terneza de una raza única

337419_234685953289197_538040486_o

 

Conocida en todo el mundo por sus inigualables cualidades culinarias, la raza wagyu se encuentra ligada desde hace años a nuestra firma Santa Rosalía. También su singularidad, lo que hace que los mejores restaurantes sumen a sus carta platos recetas gourmet basadas en la utilización de la que los expertos definen como una carne “única”.

Miles de bueyes pastan a sus anchas en la finca que Santa Rosalía tiene situada en la provincia de Burgos en las mejores condiciones lo que garantiza su bienestar animal. Nacen, crecen y viven en un entorno natural único y en las mejores condiciones posibles lo que garantiza su confort, del que depende en buena parte el sabor y la calidad de la carne que después llega al consumidor. Así, cada animal dispone de más de cien metros cuadrados de extensión en unas instalaciones provistas de hilo musical y camas biodegradables . Todo un lujo animal.

La alimentación también es única. Nuestros bueyes digieren diariamente un alimento exclusivo carente de aditivos y de una digestividad tal que no produce gases contaminantes. Santa Rosalía, preocupado por el calentamiento global y los gases que provocan el efecto invernadero, diseñó hace años un alimento con sello propio altamente beneficioso para el animal y para todo el planeta. El combinado perfecto.

1913453_625863150838140_4171721384714784555_o

La calidad del alimento ingerido por los animales se transmite directamente a las cualidades de una carne tierna, jugosa y que destaca por su elevado porcentaje de ácidos grasos insaturados y poliinsaturados. Estas últimas propiedades permiten equiparar a la carne de wagyu con el aceite de oliva, ya que ambos ayudan a prevenir muchas enfermedades del siglo XX evitando la oxidación de las células.

Origen japonés, sello burgalés

De origen japonés, la carne de wagyu tiene desde hace décadas sello burgalés. Sus orígenes se remontan al lejano Japón de donde proceden los antepasados de los animales que se crían en Vizmalo. En tierras burgalesas viven hasta entre los dos años y medio y los tres años. El sacrificio se lleva a cabo cuando el peso medio de cada animal ronda los 900 o 1.000 kilos, pero no de cualquier forma, también se garantiza el bienestar animal hasta en los últimos minutos de vida.

270871_118396344918159_195885_n

Con el ánimo de evitar el sufrimiento psicológico de los animales, todos son sacrificados de forma conjunta en un matadero cercano a la finca a primera hora de la mañana para evitar la ansiedad que los bueyes podrían tener al escuchar durante horas los llantos de otros animales con el mismo destino. De este modo, se sortea la posibilidad de que la carne pueda estropearse en el último momento. El resultado, una carne insuperable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *